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Published on diciembre 14th, 2015 | by Bartu

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Entrevista a Orange Velvet (completa)

Este artículo forma parte de nuestro fanzine número 13! toca aquí para ver el número completo!

Bruselas, aparte de ser una ciudad llena de cómics, eurodiputados, lobbies, patatas fritas, chocolate, cerveza y tal también es una ciudad llena de arte. No en vano el New York Times ha reconocido la pujante escena artística que ahora mismo Bélgica está experimentando. Y una buena muestra de ello es la Nuit Blanche, un evento que ocurre de manera annual y en el que artistas emergentes belgas de todo tipo tienen la oportunidad de tomar la ciudad para mostrar sus obras al público. Fue precisamente en esa muestra artística donde conocí a Orange Velvet, un proyecto artístico de performance muy interesante que mezcla la cultura visual japonesa con la crítica hacia la sociedad de consumo e internet. Precisamente de esos temas hablé con la performer que hay detrás de ese curioso personaje, Alix Le Grouyellec, eso sí, bajo la máscara de Johny Ripato, el presunto mánager de Orange.

Con Alix hablamos de estos temas, de los orígenes del proyecto, de su participación en la Nuit Blanche y de muchas cosas más en una extensa entrevista la cual tuvo lugar en Le Balmoral, un restaurante-cafetería rollo estadounidense y estilo años 50.

D.B. – ¿Cual es el origen de Orange Velvet?

J.R. – Cuando era una niña y adolescente jugaba a Pokémon, veía animes y leía manga, leí muchísimos. También solía viajar mucho en aquella época pero nunca había ido a Japón y soñé con la idea de ir desde que tenía 10 años. Finalmente, ahora a mis 24 años logré ir a Japón este pasado mes de Agosto. De normal soy una chica que se aburre bastante excepto en ciertos momentos en los que me encuentro confortable y feliz que es siempre cuando estoy haciendo algo que tiene que ver con la cultura japonesa pero siempre con cierta distancia, sin perder la noción de la realidad. Con Pokémon por ejemplo nunca empatizaba tanto con el juego hasta el punto de perder tiempo de mi vida real. Pero por otra parte me gustaba porque es un juego muy divertido, loco y colorido, de la misma forma que imaginaba en mi cabeza que era Japón.

Yo soy de origen francés y soy artista, comencé mis estudios en arte hace 5 años aquí en Bruselas en La Cambre. Entré por la rama de dibujo porque dibujaba mucho a un estilo que no era manga exactamente pero tenía cierta influencia de ello. A la hora de entrar además tuve que hacer una prueba de acceso de la cual nadie pensaba que la iba a superar. Sin embargo la superé y comencé una lucha con tal de encontrar lo que estaba buscando dentro del mundo del arte. Durante esos 5 años además todo lo que hacía era relacionado con la cultura japonesa, no podía escapar de ello aunque intentara olvidarme. Además, nunca hago cosplay, ni siquiera he ido a la Japan Expo de París. Siempre he rechazado eso porque es parte de la cultura otaku la cual me gusta pero no quiero formar parte de ella, prefiero quedarme al margen y mirar de lejos.

Así que durante los 5 años que duraron mis estudios estuve planteándome que quería hablar de algo pero no sabía el qué hasta que finalmente encontré con que mi amor por la cultura japonesa sería la clave de mi discurso artístico. Además, nadie en mi area de especialización le gustaba la cultura japonesa y además mi profesora, que era algo mayor, nos decía siempre que no perdieramos el tiempo con esas tonterías. Así que terminé por entender que quería viajar a Japón pero que también quería vivirlo, traer algo de Japón para comunicar.

Finalmente el año pasado, concretamente el 24 de Octubre, fue el momento en el que Orange Velvet nació. Siempre he estado también muy conectada a cosas relacionadas con internet y siempre he reflexionado acerca de la idea de que las redes sociales nos trae algo diferente a nuestras vidas, la posibilidad de tener una identidad alternativa, una manera de reinventarte a tí mismo y inventar una historia entorno a ello. Sin embargo eso era más antes, ahora con Facebook es como el “Gran Hermano”, tienes que dar tus datos personales porque son dinero y una manera de monetizar a la gente. Siento mucha lástima por ello porque para mí internet es también un medio para descubrir el mundo, conectar con gente que no conoces, etc, pero si continúa de esta manera con Instagram, Facebook, Youtube y demás tendremos que tener mucho cuidado con la información que dejamos en internet. Así que creé a Orange a raíz de este interés por Japón mezclado con elementos algo locos y como de fuera de este planeta. Orange es un personaje nacido de internet para internet que pretende tener una vida real lo cual es posible porque ahora mismo cualquier cosa que existe en internet parece que es mucho más real que la vida misma.

De esta manera me propuse como objetivo principal poner en el personaje tanto elementos de realidad como de irrealidad para hacer creer a todos los usuarios de redes sociales que ella existe. El proyecto fue creciendo hasta el punto que la gente demandaba performances del personaje por lo que comencé a hacer videoclips de Orange con tal de llegar al objetivo final: viajar a Japón y ver si el personaje de Orange funcionaría en un ambiente así, si la gente la percibe como japonesa o como alguien que viene de muy lejos. 

D.B.: Sin embargo, tal y como me has comentado al principio, entraste a estudiar en La Cambre centrándote en la especialización de dibujo y no en la de performance. ¿Cómo es entonces que decidiste que Orange Velvet fuera un proyecto de performance en lugar de uno de cómic, por ejemplo?

J.R.: Fue porque, como tu bien sabrás, dibujar es un acto muy solitario en el que te enfrentas a un papel en blanco con un lápiz en la mano. Odiaba eso y no era la manera en la que quería compartir mi arte. De hecho, cada vez que me ponía dibujar era un acto bastante robótico. Entonces me plantee que esa manera de “lastimarme” a mí misma haciendo un acto totalmente robótico me gustaba y que quizás algún día podría hacer performance basado en ello. Además, soy una chica que ni fuma, ni bebe ni toma drogas, sin embargo cuando voy de fiesta tienda a ponerme a bailar como una loca y hay gente que se acerca diciéndome si estoy drogada. Yo les decía que no y ellos me respondían “¿Cómo puede ser? No puede ser que actúes así si no estás drogada”. Por ello creé al personaje de Orange Velvet, como un reflejo de ese tipo de situaciones y de todo lo que me gustaba. De hecho, el nombre del personaje es el nombre de una variedad de la marhiuana (risas). Orange es como una chica que baila como un robot y que está drogada, pero yo en realidad no me drogo.

En La Cambre además conocí a mucha gente que hacía performance pero que piensan en ello como algo muy serio, algo con lo que tienes que reflexionar mucho y leer mucho para lograr entender de qué se está hablando y qué se está expresando en una performance. Una de las cosas que más odio del arte contemporáneo es precisamente eso, que tienes que ser un entendido del arte y habe leído un montón para poder entender lo que estás contemplando. Entiendo el personaje de Orange como un arte que todo el mundo puede entender, incluídos los niños. Es tan solo diversión, es vida. Hay muchos significados dentro del personaje y si quieres buscarlos los encontrarás. Pero puedes disfrutarlo sin haber tenido que leer un montón de libros sobre Japón o sobre arte. Además, cuando el arte del performance nació al principio se experimentaba mucho con el dolor y los límites del cuerpo y el cómo eso afectaba al público. Algo así hago con Orange sin embargo el público solo ve sonrisas y felicidad cuando por dentro yo estoy sufriendo. Es como ocurre en Japón, la gente que trabaja allí en las oficinas son como robots que siempre sonrien pero por dentro tienen mucho sufrimiento. De alguna manera Orange está relacionado con cómo es la vida misma.

D.B.: Siempre he pensado eso, cuando empecé a leer manga y ver anime hubo un momento en el que empecé a preguntarme por ese lado oscuro de la sociedad japonesa. Pienso que ahora mismo de hecho la cultura japonesa de cara a Occidente está atravesando por un momento de cierta decadencia. Un ejemplo reciente es lo que ha ocurrido con un episodio de Dragon Ball Super, el cual ha suscitado mucha polémica debido a que la calidad del dibujo de ese episodio en concreto era muy pobre. Eso revela en parte ciertas cosas de la industria de la animación japonesa la cual delega gran parte del trabajo a Corea o a China con tal de producir lo máximo por el menor coste. Resulta bastante llamativo que en Japón tengan una cultura del ocio tan desarrollada que en parte enmascara ese lado oscuro mientras que, por otra parte, hay gente allí que la usa para romper ciertos tabúes. No sé si conoces el caso de Sailor Fuku Ojiisan.

J.R.: Sí, si que lo conozco. También conozco el de este cantante de heavy metal que se viste como una colegiala japonesa. Me gustaría conocerlos en persona para saber por qué hacen lo que hacen exactamente. Pienso que lo de Sailor Fiuku Ojiisan es como una especie de crítica hacia el consume del hentai y a la gente que lo consume. Como ya sabrás, en el hentai hay tabúes de todo tipo representados pero la gente lo acepta porque tan solo es una representación, no es algo real. Pienso que es algo que viene de muy lejos, de la época del ikiyo-e de Hokkusai. Me gustaría conocer en persona a Salior Fuku Ojisan con tal de saber si realmente es eso o hay algo más en lo que hace y el por qué lo hace.

D.B.: Te pasaré un enlace de un documental que Vice Magazine hizo al respecto pero, resumiendo, básicamente Sailor Fuku Ojisan se viste como una colegiala japonesa a raíz de una apuesta que hizo con unos amigos por una oferta que tenían en una tienda de ramen, en la que si ibas disfrazado de colegiala te daban el ramen gratis. Al parecer, descubrió que era algo muy liberador para él ya que tiene un trabajo como informático bastante aburrido y monótono. Para mí, de alguna forma, es una manera que tiene él de criticar la sociedad japonesa.

J.R.: Seguramente. De hecho, cuando estuve en Japón conocí a gente de todo tipo, tanto artistas como no artistas trabajando en sitios muy aburridos. Vi que el significado del trabajo en Japón no es el mismo que tenemos en Occidente. Y es bastante curioso que cuando salen a beber, beben un montón. Eso en parte me demostro que en Japón tienen este concepto de que cuando hacen algo, lo hacen metiéndose en ello totalmente sin importar las consecuencias o si puede ser pernicioso para ellos. Quizás tenga que ver porque Japón es un país muy propenso a los terremotos, por tanto tienen un concepto de vivir la vida muy distinto al que tenemos nosotros.

Hay un proyecto relacionado en cierto sentido con todo eso llamado “Tokyo Decadence” que se hace en París. El creador del proyecto es un chico que es drag queen y se basa en una especie de cabaret en el que toda la gente que asista puede hacerlo vestido del personaje más estrafalario que se le ocurra basado en la cultura japonesa. Es una mezcla entre góticos, lolitas, etc. y todos en una gran fiesta que ocurre cada 3-4 meses más o menos. Fui a una de ellas vestida como Orange y me encontré con un montón de gente disfrazada de manera muy loca y sentí que Orange era totalmente bienvenida en este lugar, que era un sitio en el que ella podría vivir.

Orange es como todas esas cosas pero es más bien un proyecto artístico, no es mi vida después de todo. Es una forma de liberarme pero no de liberar las mentes de los demás. De hecho cuando estuve en Japón para la gente era como una especie de ovni. A ese respecto, estoy preparando una película con mucho material que grabé durante mi experiencia en Japón, en ellos se ve que la gente reacciona muy en plan “What the fuck, qué es eso?!”.

D.B.: Centrándonos en la performance que hiciste para la Nuit Blanche, una de las cosas que experimenté es que tanto yo como mucha gente estabamos a las afueras del teatro donde lo hiciste agolpados en la puerta esperando que se abriese para poder ver la performance dentro. Lo que ocurrió realmente es que tu estuviste bailando dentro del edificio en el primer piso, en una sala con un ventanal que daba al exterior, y para que la gente te pudiera ver teníamos que hacerlo a través de un streaming en tu canal de Youtube. Me pareció muy guay ya que al mismo tiempo era una manera de aprovechar las redes sociales y la tecnología del streaming con tal de disfrutar de la performance pero también una manera de burlarte de ese contrato social de entrar en un sitio para ver la obra de arte y para hacer que el público reaccionase ante eso. ¿Cuales fueron tus impresiones al respecto?

J.R.: En la descripción de mi performance en la Nuit Blanche expliqué que sería algo relacionado con el baile y que la gente no olvidara de llevar su smartphone. Yo sabía perfectamente lo que estaba haciendo. BRONKS es un teatro para el público infantil y mi propuesta fue dar algo visualmente distinto para el exterior. Habían proyectos muy grandes y ese era el lugar perfecto para hacerlo. De hecho, pude ver el video del streaming y estoy muy celosa de que tu pudieras experimentar la performance desde fuera y que yo no pudiese (risas). Deseo crear cosas que me gustaría ver y que no veo en mi día a día. Fuí además entrevistada por la revista Agenda, ¿lo viste?

D.B.: Sí, lo ví y también leí el artículo que te dedicaron. 

J.R.: ¿Entendiste el artículo? No sé si estaba escrito en inglés o en otro idioma.

D.B.: Bueno, estaba escrito en francés. Entiendo bastante bien el francés escrito pero de momento no sé hablarlo. 

J.R.: En el artículo básicamente explicaba que quería invitar a la gente para bailar conmigo y pienso que la gente reaccionó en plan “¡Sí, vamos a entrar a un sitio y podremos bailar con ella!”. Sin embargo, el gran problema que tenía con la Nuit Blanche el año pasado es que, para ver cualquier cosa, tenías que hacer siempre cola. Odio hacer la jodida cola. De hecho, en Japón todo el mundo hace cola para cualquier cosa ya que piensan que si en un sitio están haciendo cola, es que es un buen sitio. Así que estaba muy feliz con la idea de que todo el mundo que quisiese y que pasara por el sitio podría ver la performance sin necesidad de hacer colas ni nada. Sin embargo la gente al principio empezó a hacer cola frente a la puerta del teatro y me reí mucho de eso al mismo tiempo que me preguntaba “¿Por qué hacen la cola? ¡No hay luces encendidas dentro, no hay nada que indique que vayan a entrar!”. Y estoy contenta con que la gente reaccionara en plan “WTF?!” al ver que la performance se veía desde fuera y no desde dentro. Además, se sentían estúpidos porque habían hecho una cola para nada y por haber pasado por una situación tan incómoda. Yo también estaba en un sitio y en una situación incómodas. El significado de la performance, la cual duró unas 4 horas de las cuales bailé durante 2 horas y media alternadas por momentos en los que mostraba videos de mi viaje a Japón, era dar la oportunidad a la gente de irse, volver y poder ver un momento distinto de la performance con lo cual se encontraban con algo que mutaba constantemente. Me gusta hacer ese tipo de performances en las cuales no tienes por qué estar todo el rato que dura, la gente podía ir y volver y tener esta sensación como de “Dios mío, ¿todavía está bailando?”. 

Por otro lado, está el tema de la ausencia de música en el exterior y que solo podías disfrutarla por el streaming. La gente se quejó un poco de eso. Bueno, también es cierto que la gente ahora cuando va a los conciertos están todo el rato pendientes del móvil y disfrutando del concierto a través de su dispositivo, no experimentando lo que están viendo sin ningún filtro. Así que en mi performance es como si dijera “Ok, ¿os gusta eso? De acuerdo, hagamoslo aquí también”. De alguna forma era una manera de criticar esa actitud que tiene la gente hoy en día. Además, la conexión vía streaming servía de alguna forma como punto de conexión entre la realidad de la gente y la realidad de Orange a la cual solo puedes acceder a través de internet. También había gente que no pudo disfrutar de ese streaming y se quejaba, a lo que yo respondía “Bueno, yo solo tengo un ordenador pero eso no importa, lo importante es ver la performance en sí aunque no puedas ver la parte del streaming”. Además, todo el mundo tiene un smartphone, que hubiesen movido el culo y haberle preguntado a alguien si podían dejarle verle la performance por el streaming también. Eso también ocurrió entre los espectadores y, de alguna forma, era una manera de empujar a la gente a hacer algo juntos.

Hubo gente que me preguntaba “¿Por qué hiciste eso? ¡No lo entiendo!”, y tras explicárselo me respondían “Ah vaya, ahora lo entiendo, me siento estúpido/a por haber estado un tanto enfadado por ello”. Pienso que es una manera de comunicar y de usar el arte como yo pienso que es, como una herramienta para empujar a la gente a pensar. Estamos rodeados permanentemente por publicidad, por películas americanas y solo consumimos, consumimos y consumimos sin pensar. En Japón este hecho es totalmente cierto, ellos consumen un montón lo cual me chocó. Yo pienso que estoy aquí para hacer despertar a la gente, Orange en ese sentido es un robot de internet que baila para todo el mundo, no para alguien en particular. De hecho hubo un tipo entre el público que se obsesionó con la idea de que yo estaba bailando para él. Es increíble el como aparecen ese tipo de pensamientos pobres, algo que ocurre con gente como Madonna o muchos otros constantemente. Hay ocasiones en las que hago performance donde la gente puede bailar directamente conmigo, lo cual no tiene el mismo impacto que el hecho de que me vean bailar con una barrera y una distancia concreta.

D.B.: Además he visto que el proyecto Orange Velvet también incluye los videoclips en tu canal de Youtube. Me resultaron ser como una especie de parodia de los videoclips de las idols japonesas pero con interrupciones y recursos de todo tipo venidos del cine experimental. Me ha parecido una parte del proyecto también muy interesante.

Ya para acabar la entrevista, te quería preguntar sobre esa exhibición que vas a hacer antes de invierno y qué otros proyectos tienes en mente para Orange. 

J.R.: Deseo seguir haciendo peformances con Orange en las que el personaje de Johnny también aparecerá además de en los videoclips, todavía no sé de qué manera pero lo hará. También quería comentarte que el show que viste en la Nuit Blanche es el más grande que he hecho hasta ahora, me tuvieron que ayudar un par de amigos para poder prepararlo y realizarlo. Ahora quiero hacer cosas pero no con tanto presupuesto, en sitios más pequeños pero experimentando también con luces estroboscópicas o negras. Si está bien hecho puede ser algo muy loco.

Además, quiero hacer nuevos videoclips ya que en cada uno de ellos la vestimenta de Orange cambia y como ahora tiene una nueva pues habrá un nuevo videoclip también. Para los videoclips aparte uso músicas de un dj que se llama Godshit el cual remezcla a partir de músicas de anime. Me encanta su trabajo, de hecho estoy en conversaciones con él para ver si podemos hacer algún proyecto juntos. Quizás hacer videoclips para su música, ya que los momentos en los que mejor me siento bailando es con su trabajo, o quizás hacer shows con él, no lo sé. También mi gran gran sueño es conectar con el público infantil. Me gustaría que fuera en el BRONKS, hacer algún tipo de show pequeño dirigido a los niños.

Son muchas las puertas que están abiertas. Mi otro gran sueño es poder crear merchandising que pudiera ser distribuido por Akihabara pero teniendo siempre en mente que es un proyecto artístico que juega con los códigos de la sociedad de consumo, no es un producto de consumo más. Pero me gustaría hacer algo en esa línea sin que a cambio tuviera que perder el control sobre el proyecto. Estoy aprendiendo también japonés ya que la vez que fui no sabía hablarlo y me sentía un poco como en la mierda (risas). Así que ahora que estoy aprendiendo planeo volver a viajar a Japón de nuevo con tal de contactar mejor con la gente de allí. No obstante, ha pasado un año desde que el personaje de Orange nació y estoy muy contenta con todo lo que he conseguido hasta ahora, que sea un proyecto reconocido dentro de la escena artística de Bruselas y que además mucha gente me haya apoyado y ayudad para llevarlo a cabo. Tengo muchos compañeros de La Cambre que me ayudan en muchos sentidos: uno se ocupa de hacer los vestidos de Orange, otro las filmaciones, etc. Es algo que hago con la gente y para la gente por o que estoy super-hyper-contenta. 

D.B.: Ok, pues creo que por el momento eso es todo. Muchísimas gracias :)

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El enviado especial en Bruselas por excelencia de 100grados. En el norte de Europa se está más fresquito que en Valencia.



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