Arte portadas

Published on julio 14th, 2015 | by Lucía Gómez

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Explorando lo desconocido

Debe de ser el calor humeante del verano que hace que la vista se torne borrosa y los sueños realidad. Húmedos horizontes de magia y de paz. Universos imaginarios, navegando por aguas pantanosas, las inquietantes canoas de Peter Doig. Natural de Edimburgo, las canoas sin fin de Doig han navegado a través de todo el mundo para llegar a ser considerado el pintor en vida mejor cotizado del siglo XXI. Mientras que Doig vendió a golpe de martillo por 26 millones de dólares con una sola obra, su competidor Mr Hirst sólo llegó a un top price por 17 millones. Aunque y quizás lo más significante es que apenas se habla de este nuevo fenómeno.

La pasada primavera, mientras la prensa desbordada por la descomunal venta de Les Femmes d’Alger de Picasso que alcanzó el record en subasta por 110 millones de libras, Swamped, 1990, la que podemos considerar una de las primeras obras del clásico estilo del canadiense escocés Peter Doig, conseguiría un nuevo record en su obra en Christies de Nueva York.

Peter Doig, Swamped, 1990

Swamped, raíces semi sumergidas acaparan el lienzo para apenas dejar paso a la estancada corriente que tapada con mantas de maleza duerme impaciente. A lo lejos, un enredo de árboles momias refleja en el pantano un momento de paz. Una canoa blanca perdida entre el pelotón, no avanza. Abatimiento. Gruesas pinceladas se sobreponen al descolorido fondo fundiéndose los bordes en entrelazadas veladuras que sugieren siluetas que no vendrán.

Quienes conocen a Doig lo describen como un hombre sencillo, amable y muy capaz. Nació en Edimburgo en 1959 y creció entre la isla de Trinidad y Canadá antes de mudarse al este de Londres en 1979 donde establecerá su estudio de pintura. Durante su estancia allí conocerá al que luego se convertirá en su amigo Chris Ofili. Vecinos de estudio, Doig mostrará gran admiración, casi desde el principio, por el que años más tarde ganará el Turner Prize de pintura. La obra de Ofili influenciará las pinturas de Doig para siempre. Ambos viven y trabajan ahora la mayoría del tiempo en Trinidad.

Muchos se preguntan: ¿qué es lo qué tienen las obras de Doig que las hacen ser mucho más cotizadas que las de muchos otros artistas? La delicada dejadez con la que sus pinturas están realizadas nos hipnotizan hasta el punto de sumergirnos en su desencajada realidad. Las famosas canoas a ninguna y todas partes sugieren la aventura de un hombre escapando en soledad, la contemplación del deshecho paraje de la sociedad.

 

Nómada de vocación, Doig divide su vida entre Londres, Nueva York, Trinidad y Dusseldorf donde imparte clases como profesor en la Kunstakademie. Doig estudió en Londres durante los años 80 entre otras escuelas, en la Chelsea College of Art y exhibido en el Institute of Contemporary Arts en Londres, ha ganado varios premios entre ellos el Whitechapel Artist Award en 1991 y ha sido nominado para el Turner Prize. Pero ¿cómo ha llegado hasta aquí?, la vertiginosa carrera artística del pintor escocés no es, aunque lo parezca, por casualidad. En el mundo del arte, como ya se sabe, puede pasar de todo y la carrera de Doig no va a ser menos. Han tenido que pasar 24 años para que sus místicos y destacados paisajes lleguen a donde están. El secreto no es más que –y no exento de escándalos- el apoyo de coleccionistas, curators, y críticos que han hecho de las inexactas perspectivas una realidad.

En una de las más sobrecogedoras e inquietantes pinturas de Doig dos figuras de pié con gran presencia y soberanía custodian la entrada de un camino. Sus miradas perdidas, eco de hielo que, perdiéndose en el horizonte con sigilo nos llaman. -¿Podremos entrar?- Destellos de una entrada atascada, coronada por un muro de piedras, reflejos de luz que cubren el lienzo, noche estrellada. Se trata de Gasthof zur Muldentalsperre, 2000, exhaustos.

Peter Doig, Gasthof Zur Muldentalsperre, 2000

La conquista a la historia, a lo desconocido, a la incógnita. En un planeta Tierra donde se ha visto y vivido de todo, donde se ha vuelto la esperanza del revés por donde hemos viajado, donde se ha vuelto todo tan viejo y complejo, un planeta donde sofisticadas tecnologías de avanzada ingeniería dominan, mostrando un horizonte de desilusión al transeúnte, al artista del futuro todavía le quedan caminos por descubrir, mundos por explorar, ilusiones que pintar.

16    Peter Doig    Il y a cent ans    2001    240x360

100 Years Ago, 2000 es una buena representación de su artística travesía. Para empezar el título se contradice con la imagen, no sólo por el tiempo en que se ha realizado sino por la temática. Medio borrosa, en el centro del cuadro la figura de un hombre de cabellos largos en una canoa, un fantasma, un hippy. La interminable canoa de color naranja atraviesa, dividiendo el cuadro en dos, como si de un infinito, descolorido y vago paseo romántico se tratara. El lago ahora es azul, abstracto, incompleto, abriéndose paso a la vista, una isla desierta en medio de la nada. La obra es una clara alegoría a Die Toteninsel,1886 del pintor simbolista suizo Arnold Böcklin. Lo más inquietante es saber que Doig se ha inspirado en un motivo real de la costa de Trinidad.

Siempre desde la distancia, yendo y viniendo, hacia delante y hacia atrás, poseedor de la verdad, portador de libertad, viaje sin fin. Nuevas tierras, accesibles y aisladas nos invitan a perdernos en la dualidad de sus múltiples escenas mostrando un hombre solitario buscando su alma en las intermitentes aguas del paisaje.

Sus sosiegas junglas, playas paraíso, islas perdidas o montañas de nieve, estaciones de recreo, pasatiempo de instantes que sugieren la contemplación a un mundo que desde muy cerca parece mudarse lejos visto desde aquí. Encontramos en la obra de Doig pinceladas remojadas que dibujan sensuales nuestros viajes exóticos, empañando lugares nuevos, desfasados y olvidados que embaucan el ingreso a naturalezas desesperadas. Figuras que habitan sueños perdidos, visiones nocturnas de una belleza tan desamparada como extraordinaria.

Recordando a Will Gompertz que una y muchas veces apuntó “Cada generación tiene los artistas que se merece: la nuestra, a Koons y Hirst”, parece que la escena del mercado del arte está cambiando, y con ella afortunadamente su generación. Después de un gloss artificial, dominador y sin sentido, quiere abrirse paso una nueva etapa en la historia del arte, un arte mucho más humilde y verdadero, fascinante y sin pretensiones.

La obra de Peter Doig es un claro ejemplo de ello, Doig es un pintor de nuestro tiempo, global, del mundo. Viajando entre ciudades, vagando entre culturas, trabajos y sueños. Es un hombre común, un genio capaz de mostrar esperanzas halladas, recordadas, vislumbradas e invitarnos a un pedazo de su libertad en un futuro que aprieta, pasajes en silencio, canoas de admiración.



Peter Doig, Red Boat Imaginary Boys, 2004

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