Cine maleta copia

Published on mayo 15th, 2015 | by 100grados

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La Matanza del Cerdo. Por una nueva industria del cine Valenciano

De Victor Lovicz

En Valencia se ha convertido en odiosa costumbre que las administraciones local y autonómica organicen eventos cuyo objetivo principal es atraer rápidamente la atención con el fin de obtener un rápido beneficio económico. Hace mucho tiempo que la ciudadanía valenciana no percibe los beneficios de las inversiones publicas emprendidas por sus representantes dado que estas no están diseñadas para permanecer en el tiempo. Y uno puede preguntarse, ¿qué tipo de cosas dentro del ámbito público están diseñadas para permanecer en el tiempo? Aquellas que suponen en sí una mejora de la calidad de vida de todos como la sanidad, la educación, la cultura, los servicios públicos y sociales, la industria, etc.

Hemos venido a tratar aquí el asunto del cine como manifestación cultural fundamental en el desarrollo de una conciencia colectiva qué carece en nuestro país en general pero muy especialmente en nuestra ciudad, de tejido industrial capaz de asimilar el gran número de titulados que producen sus universidades. Por el contrario se toman determinaciones que guiadas por los recortes producidos por la crisis económica se dedican a desmantelar estructuras mínimas que permiten la inserción laboral de estos jóvenes a modo de primer empleo. En este sentido el cierre de RTVV o la desaparición del IVAC tal y cómo lo conocimos desde 1999 hasta 2011, tras su inserción en CulturArts, han resultado catastróficas. Y si bien siempre existieron muchas cosas que mejorar, el objetivo de hacerlo precisamente suponía un reto para muchos. El resultado de esta degradación es que existe menos gente con trabajo, menos empresas dentro del sector y una ciudadanía que ha visto mermados sus derechos.

Tampoco sería justo en ningún caso tachar a Valencia de una ciudad en la que el talento únicamente escapa. También recibe de muchos lugares, gente con ganas de participar de forma dedicada en proyectos independientes de aquí, en muchas ocasiones de tipo colectivista y popular, que pretenden garantizar el potencial autodidacta de la ciudadanía y la capacidad de autogestión. Pequeñas productoras y cineastas independientes que piensan en trabajar duramente cada día, preocupados por forjarse una identidad profesional en lugar de en pagar la cuota de autónomos. En nuestra opinión muchas de estas iniciativas que se emprenden en Valencia se encuentran muy adelantadas a sus representantes y  suponen sin duda alguna el principal foco de interés.

Otro asunto que, pensamos, debería abordarse con urgencia a partir de ahora es la necesaria sinergía entre el sector educativo y los sectores industrial y empresarial, posición por la que han apostado otra comunidades en nuestro país y que ha dado buenos resultados en otros ámbitos de la industria. No existe en toda la región a día de hoy ninguna escuela de cine oficial. El flujo de jóvenes estudiantes que se marchan de nuestra ciudad porque no encuentran oferta educativa es alarmante. Es importante tratar el asunto de nuestra ausencia de industria desde la semilla que empieza por no germinar en nuestras instituciones de enseñanza. Si los jóvenes son incapaces de hacer cine aquí, o de insertarse como primera experiencia en un entorno profesional donde puedan recibir el relevo de profesionales senior (la televisión ha funcionado en este sentido magníficamente en muchos países) éstos se verán obligados a marcharse. En muchas ocasiones, estas personas llegan, principalmente a Madrid o a Barcelona, con solo un expediente académico bajo el brazo, muy pocos cuentan con experiencia, y en ocasiones se ven abrumados antes de empezar. Muchos, en un esfuerzo académico admirable, deciden seguir invirtiendo en su educación a su llegada a estas ciudades haciendo terribles esfuerzos para pagar los estudios de cine que ofertan instituciones privadas. Pero no nos engañemos, este camino no es el que emprende la mayoría de personas que quieren dedicarse a hacer películas. Casi todas ellas se preocupan en primer lugar de sobrevivir en estas ciudades, e intentar de alguna manera ahorrar para invertir en equipo, en educación, en proyectos personales, o en las tres a la vez. Es sin duda una vocación precaria y muy cara. Pero, como vocación, es algo que no se elige, o por lo menos no se percibe como una elección, o se trata de algo tan temprano e intuitivo que todavía no se asume la responsabilidad de dicha elección. Es un crimen precoz, una dulce condena. Y desde aquí animamos a todos los condenados a seguir resistiendo y cambiando las cosas.

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Si es que las próximas elecciones suponen realmente un relevo, y por tanto una oportunidad de transformar las políticas que administran la industria del cine en nuestro país, esto es, en primer lugar la mejora de las ayudas del ministerio y las autonomías a la realización de proyectos; en segundo lugar la adecuación del régimen fiscal a aquellas pequeñas y medianas empresas, que en cine se llaman productoras, y que en la mayoría de los casos son incapaces de mantenerse de forma prolongada en el tiempo; y en tercer lugar la garantía de una educación pública o concertada de estudios de cine que garanticen la formación de personal humano que enriquezca un sector de la industria cultural que puede resultar altamente lucrativo. Todas aquellas políticas que no avancen en este sentido, que opten por más recortes o bien por el inmovilismo, contribuirán a la destrucción de una industria que cuenta con mano de obra pero que sin embargo es incapaz de armar una estructura para darle cabida. Esto demuestra a todas luces la inviabilidad de este modelo productivo.

Resulta, en fin, cuanto menos destacable que la tierra en la que nació Berlanga, un territorio que supone el tercer núcleo poblacional del país, y que cuenta con todo tipo de paisajes, se encuentre con que sus representantes decidan no apostar por el cine. La batalla entre inversión pública y grandes eventos ha tenido un claro vencedor en nuestra ciudad, y el cine, hacerlo y consumirlo, ha sufrido la humillación, cómo muchos otros sectores de la cultura, de haber sido elevado a producto de lujo, algo caro y difícil, arriesgado y poco rentable. Nosotros decimos que con trabajo se puede empezar a construir desde los restos más respeto por nuestro cine. Noviembre será este año un mes de elecciones, mes en el que, curiosamente, a cada cerdo le llega su San Martin. ¿Se cumplirá el proverbio?

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