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Published on marzo 19th, 2016 | by Alberto Silla

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Prostitución Pop

La cultura pop es una ramera cruel y deslenguada con ansias de dominatrix. Una gran industria detrozahogares que explota al fan sin ningún tipo de reparos, y que lo condena a una vida de merchandising, horror y blu-ray’s de edición limitada.

La vida de un fanpiro (como bien tuvo en llamarlo Cels Piñol) está desolada desde el principio, con una perpetua sensación de insatisfacción que acabará con uno de los dos muertos, nuestro individuo o su disposición de liquidez. Sólo puede quedar uno.

Cuando hablo de cultura pop me refiero a todo aquello que consideramos subcultura, a saber: cómics, películas de ciencia ficción, artistas musicales desentendidos en guerra con la sociedad… y no, no me equivoco al llamarlo cultura pop. ¿Tiene sentido hablar de subcultura o cultura marginal en un tiempo en que las camisetas de los Ramones se venden en el Zara? ¿Cuando lo atractivo ahora es ser geek?

La industria que tanto nos quiere, muy lista ella, ha visto en el frikerío un filón para poder vender chorradas a gente tan desesperada como yo y más gente que siente la necesidad de tener, por ejemplo, una camiseta de los X-Men. Ser friki es ahora el nuevo ser hipster, y es algo que tiene un gritón de cosas buenas. Coronado Mister Obi-Wan Kenobi en mi fiesta de graduación (dato TOTALMENTE real) mi pubertad fue más o menos difícil por ser «el friki» de la clase. Un apelativo ganado a pulso que no hacía sino cerrarme bastantes puertas y ganarme algún insulto que otro (aunque pocos, no os voy a mentir). Menos mal que hoy en día un chaval no tiene que sufrir ni para comprar el último número de Spider-man ni para llevar en clase una sudadera de Juego de Tronos. Esto es bueno.

La parte negativa de todo esto es, sin duda, todas las pandas de buitres que han visto un nuevo mercado virgen -no es un chiste- que saquear y robar. Y aunque no puedo evitar mis alegrías al ver tantas películas o series de ciencia ficción y terror durante estos años, ya se ha llegado a un punto de sobreexplotación del producto que no va a beneficiarnos nada. Un -a veces- desastroso intento de vender el producto a frikis y no frikis. Una serie «friki» que vende lo pop a la gente normal es The Big Bang Theory, y una serie friki de verdad es Community, para que me entendáis.

Los rastros están viviendo todo un revival estos días con la cantidad de hipsters y frikis impostados que buscan un nuevo ítem con el que decorar sus casas. El coleccionismo ha muerto, y ya no tiene sentido nunca más.

¿De qué sirve hacer cola para hacerse con una Edición Especial de tu peli favorita si han sacado mercancía como para llenar las tiendas o si al cabo de pocos meses sacan la Edición del Director, la Edición Mega con figuritas o la Edición con la Saga Completa? No, Lucas, no, que se te nota la erección debajo de tu camisa de cuadros.

Estoy bastante seguro de que en unos 30-40 años se acabarán los precios astronómicos para hacerse con objetos singulares, dado que habrán mil opciones para hacerte con ellos. ¿Quién no tiene la edición especial de El Señor de los Anillos?.

Quiero decir que de nada sirve tener el número 500 de una serie de cómic si no tiene un valor que lo haga único. Por supuesto que va a seguir llenando nuestro corazoncito y que para nosotros seguirá siendo nuestro número 500, pero la masificación de productos hace que pierda valor. Además, es justo este querer vender de todo para todos lo que provoca muchísimas veces el vergonzante bajo nivel de su contenido para todos los públicos, algo que hará mella en esta nueva industria en unos pocos años hasta el punto de agotarla.

Me encantaría poder hablar de este síndrome de prostitución aplicado al diseño, y es que no es la primera vez que me enfrento a la dicotomía entre hacer algo vendible o algo bien hecho, conceptos que no suelen ir de la mano (y si van, ¡aleluya!)

Pero lo peor de todo es que al fan no nos queda más remedio que apechugar y disfrutar de todo esto aunque con mala cara, como de no disfrutar mucho (aunque sea mentira). Estamos condenados a gastar y gastar dinero en objetos que nunca llegarán a satisfacernos del todo. Seguiremos alimentando al monstruo que hemos creado en pos de llenar nuestras estanterías a tope.

 

 

Artículo dentro de nuestro fanzine número 14, quieres verlo al completo? pincha aquí!

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