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Published on marzo 19th, 2016 | by Lucía Gómez

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Transciencia

Resulta redundante, pesado, incluso algo ya fastidiado hablar del impacto que ha tenido en nuestras vidas la evolución de la tecnología en las últimas décadas. No obstante de vez en cuando nos llega ese saborcillo nostálgico de tarde de fin de semana de la que sin embargo no podemos escapar.

Todavía recuerdo la llegada de mi primer ordenador a casa. Era de color negro, pesaba una barbaridad y en el teclado a mano izquierda una tecla roja que ponía – Esc – que me prohibieron apretar a menos que fuera una emergencia de vida. Yo tenía ocho años, hablamos de mediados de los años 90’ y como no tenia mascotas aquello fue la revelación de la temporada. Poco tiempo duró aquel mastodonte en mi casa cuando me “consiguieron” otro ordenador. También enorme, esta vez la tecla prohibida – Esc – quedaba camuflada bajo un color gris claro junto a todas las demás. Ahora, la máquina del futuro venía además con una “torre” donde se podía insertar diskettes en los que poder grabar cosas.

En menos de cinco años y para mi suerte ya había explorado los sinfines del Paint Brush, la enciclopedia Encarta 98, algo llamado Word, e incluso impreso todos los caracteres posibles y dibujitos que “venían” con el programa de mi primera impresora a color, un lujo. Hacía un ruido espantoso – aunque eso no ha cambiado tanto – parecía que iba a cobrar vida e iba a saltar del escritorio, los garabatos del Paint Brush ya impresos quedaban.

Walkmans que destrozaban cassettes, videos reproductores que enganchaban las cintas VHS y hornos-microondas que daban miedo. Los de mi generación hemos visto como los Joysticks, Game Boys, faxes y consolas han sidos sustituidos por la Wii, Diskmans, DVD’s, scanners, los primeros “móviles”, los segundos, el mp3, el 4, los smartphones, cámaras analógicas por digitales, relojes de agua, wireless, wifi, Starbucks…

Como no va a ser menos, el arte, de nuevo no ha querido o (podido) perderse la oportunidad de criticar el llamado progreso. Siendo uno de los compromisos de éste para con la sociedad la provocación y la reflexión, el artista irlandés Michael Craig-Martin no ha querido dejar pasar este dilema por alto para hacernos recapacitar no lo sólo sobre el pasado en el tiempo sino sobre el presente, y cómo no, el futuro. Su última exposición individual en Londres en la Serpentine Gallery, Transience, recoge trabajos desde 1981 a 2015, incluyendo los más representativos. Pinturas pop nos deslumbran con colores chicle de objetos una vez familiares pero ya obsoletos en los que televisiones blanco y negro, bombillas incandescentes o videoconsolas son el principal componente de su obra.

De seguida nos vienen a la cabeza las redundantes, y nunca mejor dicho, Campbell Soups del master Warhol, las Marilyn o las botellas Coca Cola, todas ellas apiladas en serie aclamándonos – ¡Mírame! – como un radiante anuncio de tele-tienda. Pero mucho ha llovido ya desde entonces, ahora, los objetos de anuncio ya no existen, pues ya no son nuevos y se han quedado obsoletos.

Craig-Martin nos muestra en Transience, desde sus primeros trabajos, un dibujo mural de 1981, hasta pinturas de 2014 que muestran las minimalistas líneas de un iPhone, sin duda, un profundo estudio del impacto que la electrónica ha tenido en la sociedad de – consume y comunica – del presente.

Su obra explora el vertiginoso cambio del proceso analógico a la tecnología digital que da paso a la producción y distribución de nuevos tipos de objetos de finales del siglo XX y principios del XXI. Los obras de Craig-Martin examinan las posibilidades conceptuales del arte contemporáneo, probando los límites entre la funcionalidad del objeto y su forma. Así como las primeras televisiones literalmente empotradas en cajas de madera Sapeli que todavía hoy alguna de nuestras abuelas conserva, o la forma de pera de una simple bombilla. El aumento de la fugacidad de la innovación tecnológica ha resultado que objetos que hasta no hace tanto eran del “hoy” pronto se han convertido en el “ayer”. La aparición de la tecnología digital en los últimos años ha resultado en la ruptura de la relación entre forma y función, un proceso que Craig-Martin captura en sus pinturas de sucesivos inventos, desde la conocida pila al cassette al ordenador portátil. Marshall McLuhan afirma en su libro Entender los medios de comunicación, que: “El cambio tecnológico altera no sólo los hábitos de vida, sino también los patrones de pensamiento y valoración” .“La obra de Craig-Martin es un espejo de estas alteraciones, que nos recuerda que estamos tanto producidos por los objetos que inventamos, ya que son inventados por nosotros.

Todo este asombroso crecimiento trascendental que ha tenido la tecnología en nuestras vidas nos muestra claramente que no sólo nos ha cambiado, sino que ya no podames vivir sin ella. ¿mas ella sin nosotros?

Artículo dentro de nuestro fanzine número 14, quieres verlo al completo? pincha aquí!

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